CAPÍTULO CIENTO DOS

Ella lucía triste y desdichada mientras caminaba hacia mi cama.

No sentía nada más que repulsión y, aunque esa sensación era inapropiada, la acepté porque ella se lo merecía completamente.

—¿No fuiste con tu nueva mejor amiga? —le pregunté, con irritación en mi tono.

Se rascó el cabello y abrió l...

Inicia sesión y continúa leyendo