CAPÍTULO CIENTO SIETE

Nos quedamos mirándonos durante un minuto, mi mente corriendo por tantas cosas.

Todavía me sentía rara por todo, así que cuando intentó tomarme de las manos, no lo permití.

—Supongo que me lo merezco —susurró en voz alta—. Pero, ¿podemos ir a algún lugar tranquilo para hablar? No creo que estar pa...

Inicia sesión y continúa leyendo