CAPÍTULO CIENTO DIECIOCHO

—¿Estás bien? —pregunté, tratando de sonar agradable aunque estaba confundida.

Quería dormir, pero la presencia de una extraña, aunque amable, no me resultaba cómoda.

—Sí, claro. ¿Necesitas algo? —preguntó, levantándose para acercarse.

—No, querida, has sido de gran ayuda para mí. Muchas gracias,...

Inicia sesión y continúa leyendo