CAPÍTULO TRECE

—¿Estás bien? —me preguntó Octavio y lo miré. Él ya estaba camino al ascensor y yo seguía parada en la puerta, perpleja por los trucos de mi mente.

Sacudí la cabeza. A este ritmo, mi cuello se iba a desprender de tanto moverlo por la confusión de este día.

—Sí, vamos —respondí y me uní a él en el ...

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