CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y CINCO

A la mañana siguiente, esperé a que ella regresara para darme el informe de su misión, pero no la vi ni supe nada de ella.

Su móvil estaba apagado, lo que me preocupó, pensando que algo le había pasado.

Fui de nuevo por la tarde, con la esperanza de verla o ver a alguien más salir por la puerta de...

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