CAPÍTULO CIENTO CINCUENTA Y UNO

Mi distancia de Alaric siempre lo afectaba y podía notar los leves temblores en su rostro y dedos.

Yo tampoco me libraba de los temblores, respiraciones entrecortadas, dedos temblorosos y una extraña sensación de ser observada.

Fui a revisar la puerta y no había nadie.

Por paranoia, probablemente...

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