CAPÍTULO CIENTO OCHENTA Y SEIS

Me vi obligada a dejar de caminar cuando él me agarró del brazo, deteniéndome.

Estaba frente a la mansión, en camino al estacionamiento.

—¿Te importaría explicar por qué eres tú quien está enojada y no al revés?

—Eso es lo gracioso, decidiste malinterpretarme y lo llevaste tan lejos que no dormis...

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