CAPÍTULO DIECINUEVE

Mi teléfono se iluminó cuando llegué a casa y vi el nombre de mi hermana.

—Qué raro— murmuré mientras lo recogía.

—¿Hola?— dije con voz insegura, pero lo que recibí como respuesta fue su llanto, lo cual me sorprendió.

Éramos gemelas y yo era mayor por quince minutos, pero ella me había intimidado...

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