CAPÍTULO DOSCIENTOS DIECISIETE

La sala entera estaba en silencio, especialmente yo, que no podía contener mi emoción, y corrí hacia sus brazos, que me recibieron con gusto.

—Lamento mucho el dolor que pasaste en ese viaje —susurré en sus brazos, abrumada de alegría.

—Shhh, ni siquiera intentes culparte por eso —respondió, limpi...

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