CAPÍTULO CUARENTA Y DOS

Al entrar por su puerta, inhalé el hedor de la autocompasión y el dolor que fluían y llenaban toda la habitación.

Mi demonio lo absorbía, pero yo sentía mucha lástima por ella. Un momento estaba en la cima del mundo, sintiéndose hermosa y al siguiente...

Ni siquiera quería pensar en ese bastardo. ...

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