CAPÍTULO CUARENTA Y TRES

La abracé, ignorando mi erección hasta que el camarero llamó a la puerta.

—Déjame abrir la puerta, ¿de acuerdo? —dije, pero luego la miré y ella me abrazaba como un koala, así que en lugar de soltarla, la llevé conmigo hasta la puerta, sus piernas envueltas alrededor de mi cintura.

El camarero dej...

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