CAPÍTULO CUARENTA Y CINCO

A la mañana siguiente, me desperté con un golpe en la puerta.

Miré alrededor y noté que Alaric todavía estaba en mi habitación, de pie cerca de la ventana con una taza de café en la mano.

—Oh, debe ser la terapeuta —dijo mientras me sentaba, dándome cuenta de que aún estaba desnuda—. No quise desp...

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