CAPÍTULO CUARENTA Y OCHO

No había manera de que pudiera quedarme en la habitación del hotel todo el día mientras ellos hacían lo que querían.

Lo había hecho durante tres días y me estaba volviendo loca de aburrimiento.

Había visto películas, jugado juegos en el móvil, bailado, pero solo hay tanto entretenimiento propio qu...

Inicia sesión y continúa leyendo