Capítulo 6 6
—Casarme contigo no suena menos peligroso que matarme.
Darian mantuvo la frente contra la mía mientras la Casa de los Ecos temblaba sobre nosotros.
—La diferencia es que para lo primero necesito que cooperes.
—Para lo segundo también, si quieres conservar todos los dedos.
Elian apartó la mesa del muro de una patada.
—Continúen cortejándose cuando no tengamos a la emperatriz encima.
—Ese tono confirma mis sospechas —dijo Darian—. El capitán está celoso.
—El capitán está considerando dejarte aquí.
El muro ocultaba dos hendiduras con forma de mano. Entre ellas aparecía el mismo círculo de espinas marcado en el pecho de Darian. Veyr se acercó, pero una descarga lo obligó a retroceder.
—La puerta reconocerá la sangre —dijo—. También anunciará que los dos herederos están vivos.
—El sello de arriba ya lo anunció —respondí—. ¿Qué falta por empeorar?
Un golpe sacudió el techo. Desde la escalera llegó la voz amplificada de Cássara.
—Entréguenme a Liora Ansel y conservarán sus nombres.
Los custodios se miraron. En Lysoria, aquella oferta valía más que conservar la cabeza.
Uno de ellos se lanzó hacia mí.
Elian lo golpeó con la empuñadura antes de que alcanzara mi capa. El segundo desenvainó la espada. Darian pasó la cadena por su garganta y lo arrastró contra los barrotes. El tercero dejó caer el arma.
—Por fin alguien sensato —dijo Darian.
—Tengo tres hijos —respondió el hombre.
—Eso explica tu instinto de supervivencia.
Veyr recogió la espada caída y se interpuso ante la escalera.
—Abran la puerta. Puedo sostener el sello unos minutos.
—¿Por qué ayudarnos? —pregunté.
—Porque Cássara quiere convertirte en una bóveda y yo cometí suficientes errores con tu infancia.
—Eso no es una disculpa.
—No tenemos tiempo para una que merezcas.
Darian extendió las manos encadenadas. Una argolla le había abierto la muñeca.
—Tu palma y la mía, pequeña alondra.
—No me llames así.
—Entonces deja de reaccionar cuando lo hago.
Presioné mi mano contra la primera hendidura. Darian ocupó la otra. La sangre recorrió los surcos y se reunió en el círculo central.
La piedra no se movió.
—Dijiste que se abriría —reclamó Elian.
—Mara la construyó —respondió Darian—. Con ella nada se limitaba a una sola condición.
Letras antiguas ardieron sobre el muro.
DOS SANGRES. UNA PROMESA.
Me volví hacia él.
—¿Qué prometimos?
—Éramos niños.
—Tú tenías quince años. Ya eras suficientemente arrogante para recordar.
—Prometí que nadie usaría tu nombre para arrebatarte la vida.
—Después permitiste que me lo borraran.
Su culpa me golpeó a través del vínculo. No tuvo tiempo de ocultarla.
—Y llevo ocho años pagando por haber elegido mal.
Otra explosión abrió una grieta en el techo. Polvo y piedras cayeron sobre Veyr.
—¡Completen el juramento! —gritó.
Darian cerró sus dedos sobre los míos dentro de la hendidura.
—Yo, Darian Valcor, reconozco a Liora Ansel como la única dueña de su nombre, su memoria y su voluntad.
Las palabras entraron en mi sangre. No sonaban a la promesa de un príncipe, sino a la de un hombre que sabía exactamente qué me habían quitado.
El muro esperó.
—Te corresponde —dijo.
—No recuerdo lo que prometí.
—Elige algo nuevo.
Miré las cadenas, las cicatrices y sus ojos demasiado atentos a mi respuesta.
—Yo, Liora Ansel, reconozco a Darian Valcor como un dolor insoportable que todavía no he decidido abandonar.
Elian soltó una risa.
La puerta se abrió.
—Romántica —murmuró Darian.
—Agradece que no dije infección.
El pasadizo apenas permitía avanzar de lado. Elian entró primero. Yo lo seguí, pero Darian me sujetó por la cintura antes de cruzar.
—Espera.
—Si vas a explicarme ahora lo del matrimonio, te clavaré la aguja.
—La llevas en el bolsillo izquierdo. Tendrías que rozarme para alcanzarla.
Su pecho se pegó al mío cuando una piedra cayó detrás de él. El vínculo abrió su deseo sin delicadeza: mi espalda contra el túnel, su boca bajando por mi garganta, mis piernas rodeándolo.
El calor me alcanzó tan rápido que Darian contuvo el aire.
—Eso fue tuyo —dije.
—La parte en la que me rodeabas con las piernas fue sospechosamente detallada.
—Sal de mi cabeza.
—Créeme, estoy intentando no bajar más.
Su mano continuaba en mi cintura. El pulgar rozó la piel expuesta entre el guante y la manga. No fue accidental. Tampoco suficiente.
—Liora —dijo, ahora sin burla—. Si me pides que me aparte, lo haré.
Debería haberlo pedido.
En cambio, agarré su cadena y acerqué su boca hasta sentirla a un aliento de la mía.
—No confundas que no te haya abandonado con que confíe en ti.
—No confundas que no te bese con falta de ganas.
Un estruendo derribó parte del muro. Darian cubrió mi cabeza y me empujó al pasadizo. Corrimos detrás de Elian mientras Veyr cerraba la entrada desde la celda.
—¡Veyr! —grité.
Su rostro quedó enmarcado por la piedra.
—Encuentra a Mara antes de que Cássara encuentre a tu hermano.
La puerta se selló.
El túnel descendía hacia el antiguo acueducto. Avanzamos hasta que los gritos quedaron atrás. Elian rompió mis grilletes con una cuña y después liberó una de las cadenas de Darian.
Una luz roja parpadeó bajo el cuello de su uniforme. Elian sacó la insignia de capitán. Las órdenes imperiales aparecían sobre el metal en letras diminutas y desaparecían después de ser leídas.
—¿Qué dice? —pregunté.
Cerró la mano demasiado rápido.
—Que la Casa ha sido tomada.
—Eso ya lo sabemos.
—También declararon traidores a cuantos te ayuden.
Darian le quitó la insignia y leyó antes de que Elian pudiera impedirlo. El humor desapareció de su rostro.
—Hay algo más.
Elian recuperó el metal.
—Primero debemos salir del alcance de los rastreadores.
—¿Qué ordenó Cássara? —insistí.
—Camina, Liora.
No obedecí, pero Darian me tomó de la mano. Su miedo atravesó el vínculo y me obligó a seguirlo.
—La cadena que queda necesita una llave imperial —dijo Elian.
Darian levantó la muñeca todavía presa.
—Así conservo un recuerdo de su hospitalidad.
—¿Adónde vamos? —pregunté.
—A la abadía de Ilyar. Es el único lugar fuera de la autoridad de Cássara.
—Entonces caminemos.
Elian no se movió.
—Hay una condición. La abadía solo concede refugio a matrimonios reconocidos por la magia.
Miré a Darian. Su sonrisa apareció despacio.
—Parece que el reino insiste en terminar lo que nuestros padres empezaron.
—No pienso casarme contigo para conseguir una cama.
Darian tiró de la cadena hasta acercarme a él.
—Entonces hazlo para salvar a tu hermano, porque Cássara acaba de ordenar que Nico Ansel sea borrado al amanecer.
