Capítulo 1 1
Narra Natalia
Capítulo 1
Sentía sus besos en mi cuello, con las manos sobre el lavado mientras él en mi espalda gruñía besándome el cuello y metiendo los dedos debajo de la falda.
—Estas muy mojada mi pequeña traviesa.
Si, era imposible no mojarme cuando el, el hombre de mis fantasías me hablaba al oído y me tocaba de esa manera.
Hasta hace un mes, nunca imaginé que el mejor amigo de papá, el Don de toda Verona me tocaría, me dejaría de ver cómo una inmadrura y por fin me tomaría como su mujer.
—¿Lo quieres? —susurro —Tienes que pedirlo, se que me necesitas.
—Quitame... la virginidad, te lo pido Donato — gemi mientras me besaba el cuello, quería ser su mujer.
Un mes antes...
Acababa de cumplir 21 años, y mis amigos decidieron hacerme una fiesta sorpresa para celebrar mi famosa mayoría de edad.
Siempre había sido sobreprotegida por papá, el era un mafioso y tenía varios enemigos, pero por un día quería ser una chica normal y me fui a aquel club sin escoltas.
Estaba maravillada, era mi primera vez en un lugar así, baile, música y alcohol.
Empecé a beber, legalmente, siempre había sido algo correcta haciendo lo que tenía que hacer.
Nunca me enfrente a papá, nunca me enfrente a la sociedad, solo era yo siendo perfecta.
Estaba algo mareada, sentía que la cabeza me daba vueltas, y el, Bruno, el chico más popular de la universidad, se acercó y me pidió bailar.
—Si, Claro que si.
Bruno me jalo de la cintura, se empezó a frotar mucho en mi cuerpo, y sin más me dio un beso en el cuello.
—¿Es verdad lo que dicen? Que aún eres... Virgen —me susurró al oído.
Abri los ojos, solo le había contado eso a Mara mi amiga, y si aún lo era, en mi cabeza romántica, quería ser virgen hasta el día de mi boda, pero en realidad es que ... Siempre soñé darle mi primera vez a alguien que no sacaba de mi cabeza.
—Solo espero al indicado.
Bruno me jalo más de la cintura y me pegó a el
—Vamos preciosa, no necesitas a el indicado, solo un experto que te enseñe los placeres de la carne.
Intento meter la mano bajo mi falda, le di una fuerte cachetada
—¡No hagas eso!
Me jalo del brazo y me empujó contra la pared
—Ninguna mujer de esta universidad se ha negado a estar conmigo y tú no vas a ser la primera. —me beso el cuello a la fuerza.
—¡Déjame!
—Ademaa eres virgen, en esta universidad eso es una aguja en un pajar.
Empezó a tocarme, le di una fuerte cachetada pero me agarró de los brazos.
En ese momento las puertas de la discoteca se abrieron.
El entro con su camisa negra, esos malditos tatuajes en el cuello y brazo que lo hacían ver sexy y elegante, el amigo de papá, el Don de Verona, Donnato.
Se acercó a Bruno y le dio un puño que lo tiró al suelo, saco su arma y le apuntó
—¿Sabes con quién te estás metiendo?
El imbecil de Bruno empezó a lloriquear, culpandome de provocarlo.
—Saquen a este perro de mi bar.
Sus escoltas agarraron a Bruno del suelo y se lo llevaron a rastras, yo estaba paralizada, me había escapado de casa y sabía lo que me esperaba cuando llegara a casa y Donnato le contara a papá lo que había pasado.
Donnato me cargó en sus brazos, ordenó a sus hombres invitar tragos de cortesía y me llevo hasta su oficina.
Al cerrar la puerta levantó la ceja derecha y me miró fijamente.
—¿Tu papá sabe que estás aquí?
Negué con la cabeza mientras recuperaba el aliento, estaba algo mareada aún por el alcohol.
—Por favor no le digas... Me va a castigar.
—¡¿Por que carajos saliste sin escoltas?! Tu padre es un hombre con enemigos, lo de este niñito no es nada, si te atrapa el Clan Andrade, podría ser peor.
Agache la cabeza, el tenía razón, había sido una irresponsabilidad.
—¡Estoy cansada! Papá y tú me cuidan como una niña, no se dan cuenta que ya tengo 21 años, que ya tengo hasta pechos.
Me los toque un poco rebelde, los ojos de Donnato se quedaron mirándolos fijamente, yo me solté de inmediato avergonzada.
Se acercó a su escritorio y saco una caja con un moño de regalo.
—Feliz cumpleaños, quería dártelo mañana.
Sonreí algo emocionada, cada año desde que lo conocí hace 3 años, me daba un regalo.
Al abrirlo me sentí ofendida
—¿Es enserio?
Era un peluche, un osito lindo, pero obviamente infantil.
—¿Que hice de malo?
—Esto es un regalo infantil, tengo 21 años.
Se acercó a mi, me miró a los ojos y sonrió, pero su sonrisa tenía algo que nunca vi antes, quizás era mi imaginación o el alcohol, pero parecía un poco coqueto.
—A veces olvidó que ya eres una mujer —gruño.
Sentí como su mano tocó mi pierna y luego subió a acariciar mi brazo.
—¿Le vas a decir a mi papá lo que pasó? —en medio de mi nerviosismo quise cambiar de tema.
Paso sus dedos sobre mis labios, los miraba con una intensidad que me hizo tragar saliva, tenía algo que me volvía loca.
—No lo se ¿Por que no me convences pequeña traviesa?
