Capítulo 2 2

CAP 2

La mirada de Donnato era intensa, no dejaba de ver mis labios, creo que mi cuerpo ¿Y si por fin se dio cuenta que era una mujer? Una mujer que tenía sueños eroticos con el.

—¿Cómo te puedo convencer?

Se acercó tanto que pensé que me daría un beso, sentía su aliento masculino con un poco de alcohol en los labios.

—Solo portate bien en la universidad.

Lo empuje y me aleje muy enojada, odiaba que me tratará como una niña que debía ser cuidada.

—¡Me quiero ir a casa ya!

El sonrio, chasqueo los dedos y le ordenó a sus hombres que me llevarán a casa.

En la camioneta de regreso, veía las luces de la ciudad, la mirada, los labios, esa maldita actitud de Donnato era una imagen que no se borraba.

Era el mejor amigo de papá en la secundaria, pero se fue un tiempo a hacerse cargo de los negocios de la mafia en Sicilia.

Regreso hace tres años después de la muerte de mamá, para mi padre tenerlo cerca ha sido un apoyo emocional incondicional.

Para mi... Una tortura que me quemaba hasta el alma.

Aun recuerdo la primera vez que use mis manos para masturbarme, soy virgen y por ende inexperta, pero siempre he querido saber que es sentir el placer.

Mientras exploraba lo cuerpo con unas ansias que nunca pensé sentir, me vine con una imagen en mi cabeza.

Donnato entrando en mi, diciendome cosas sucias al oído, pero sobre todo haciéndome su mujer.

Al llegar a casa me metí por la ventana, me quede dormida pensando en su mirada, era la primera vez desde que lo conocí que parecía coqueto, que parecía mirarme diferente, aunque tenían que ser ilusiones de mi cabeza.

Baje temprano a desayunar, y el estaba allí junto a mi padre bebiendo café.

—Hija, saluda a tu tío.

—¡No le voy a decir tío a Donnato —le gruñí a papá.

Me rehusaba a usar esa frase con el, decirle tio era retorcer las fantasías que ya tenía en mi cabeza.

—Sientate y come hija —me dijo papá con una sonrisa.

—No voy a comer, no tengo hambre —le dije nerviosa.

—¿No vas a comer?, ¿Por que no le dices a papá lo que hiciste ayer? —me dijo Donnato con una sonrisa en los labios.

Papá frunció el ceño se levantó de la mesa enojado

—¿Ayer? Hasta donde sé estabas dormida en tu habitación ¿O eso no es verdad?

Mandé saliva y mire a Donnato con ganas de matarlo

—Papá...

El teléfono de papá sonó, se fue un momento al pasillo.

Me acerqué a Donnato muy molesta

—Pense que no dirias nada.

—Te dije que tenías que convencerme —dijo mandando un pedazo de fruta a sus labios sexys.

—Te dije que me dijeras cómo te convencía.

El levantó la mirada, su sonrisa era perturbadoramente coqueta.

—Come ahora.

Me senté y empecé a comer, cuando papá regreso empezó con el interrogatorio.

—¿Que hiciste anoche?

—Ayer tu hija me llamo para preguntar si iríamos de viaje este verano, le dije que debíamos consultar temas de seguridad.

Tome un poco de jugo y asentí para continuar con la mentira.

—Por ahora no es conveniente, el clan Andrade me tiene bajo amenazas, necesito llegar a un acuerdo con su líder, así que me iré de viaje a Londres.

Donnato terminó de tomar el café.

—Si te vas un mes, lo mejor es que Natalia se quede en mi casa, no podemos descuidar tu punto más debil.

De los nervios por lo que dijo, deje caer el tenedor torpemente, el se agachó a recogerlo, los dos cruzamos las miradas y senti como paso el frío metal del tenedor por mi pierna.

—Estoy de acuerdo, Natalia empaca una maleta, está tarde debes irte con Donnato a su casa.

Asentí pero fue imposible no ponerme nerviosa.

Llegue al instituto, hice mis deberes del día, pero me miraban raro, con miedo, supuse que Bruno ya les había contado lo de la noche anterior, ya estaba acostumbrada a que los negocios de papá me dieran esa imagen de mujer peligrosa.

Desde los 18 años quise tener novio, pero todos se alejaban de mi, parecía que estaba maldita.

Cambiaban de ciudad, dejaban de hablarme o me bloqueaban de su vida.

Al salir, Donnato y su actitud dominante estaban esperándome a las afueras de la universidad junto con sus lujosas camionetas negras, me acerque y le pedí que me sacara rápido de allí, me daba vergüenza esa imagen de poder que el y papá transmitían.

—Te advierto, durante ese mes solo soy una invitada, no la muñequita que debes proteger —cruce los brazos algo enojada.

El se acercó mucho, los dos nos quedamos mirando de frente, acercó sus manos a mi escote y abotono mi blusa a la que deliberadamente le había dejado un botón abierto.

—Te voy a cuidar muy bien, es mi deber.

Llegamos a su mansión, Donnato era un hombre poderoso, y su casa era la representación de ese poder.

Me llevo hasta mi habitación, grande con detalles sobrios, me sorprendío que no la hubiera pintado de rosa con muñecos en las paredes y una cobija con algun diseño infantil.

Encima de la cama, había una caja de regalo.

Corrí a ella con emoción

—¿Es para mí?

—Me dijiste que ya no eras una inmadura, así que decidí darte un regalo más para una mujer.

Sonreí y me mordi el labio, cuando abrí la caja, los ojos se me abrieron de par en par.

Era un conjunto de lencería color rojo en encaje y junto a él, un vibrador rosado pequeño.

Mis mejillas se sonrojaron, el se me acercó por la espalda y susurró al oído.

—Eso es un regalo para una mujer.

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