Capítulo 42

—Dadda, Dadda, Dadda —el balbuceo repetitivo de unos niños demasiado emocionados que pelean por llamar su atención. Los miro con tanto amor, esperando mi turno para llenar a mis preciosos bebés de mis propios abrazos. Completamente desgarrada al ver cuánto han crecido en tan poco tiempo y cuánto de...

Inicia sesión y continúa leyendo