Capítulo 50

La luz del sol cegadora que me da en la cara va seguida de un manotazo duro, que arde como el infierno, directo en mi trasero mientras estoy boca abajo, durmiendo en la cama. Me incorporo de golpe, despertando de la impresión por la brutalidad de eso, y chillo como un perrito herido. Parpadeo, aturd...

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