38_ El último de tu especie

La habitación giraba mientras el peso de las palabras de Sabina se asentaba sobre mí. Mis piernas se sentían como gelatina, y caí sobre la cama, mirando fijamente al frente mientras mi mente se llenaba de una ráfaga de pensamientos. ¿Cómo podía estar pasando esto? La madre de Sabina era responsable ...

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