Capítulo 47 47. Armas humanas

Aria

El mundo se reduce a la carretera, el motor y el sonido de mi propio corazón intentando arañarse la salida del pecho.

El olor de la comida china que recogí llena el auto y, por un momento, mi mente se aferra a ese olor.

Genial. Ahora también se me van a arruinar los camarones con brócoli.

—...

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