Capítulo 6 6. Ley de la manada de lobos
Kade
Puedo oler la mentira antes de que Jasper siquiera abra la boca.
Es aguda y metálica bajo el olor rancio de la autosuficiencia y la vieja arrogancia… pero está ahí. Si hubiera sido cualquiera menos yo en esta habitación, se le habría pasado.
Por desgracia para Jasper, yo no soy cualquiera.
Me recargo contra la repisa de la chimenea en el salón, con los brazos cruzados, dejando que el silencio se estire hasta volverse incóodo.
—¿De verdad es necesario? —dice Henry.
Su voz suena tensa, controlada, pero la rodilla no deja de rebotarle. Quiere salir corriendo. Cada instinto en su cuerpo le grita que huya, pero no se mueve. Sabe más que nadie que no debe desafiar una orden directa de un Alfa en su propio territorio.
Al otro lado de la habitación, Ronan está sentado en el sillón como un rey en su trono. Sereno. Letal. Observando.
Los lobos de la Asamblea —Henry y Jasper— están sentados frente a él.
Débiles sin el título, les encanta escudarse en él.
¿Y yo?
Yo soy el cuchillo en la habitación.
Mi lobo se pasea bajo mi piel.
Entraron en nuestro territorio —gruñe en mi cabeza—. Sin avisar. Y creen que pueden cuestionar lo que es nuestro.
¿Nuestro? Me mantengo muy lejos de ese comentario.
Lo sé —le respondo en silencio.
Deberíamos quebrarlos.
Pronto.
La puerta principal se abre.
Liam entra con Theo a su lado. La tensión en el cuerpo de Liam es una furia apenas contenida. Había vuelto para traer a Theo en cuanto confirmamos que no quedaban más lobos de la Asamblea merodeando por Black Ridge.
Buena decisión.
Si esto se pone feo —y se pondrá—, vamos a necesitar músculo extra.
Barric sigue con Aria. Sin dejarse ver. Vigilando desde el bosque por si acaso.
Ronan no confía en la Asamblea.
Yo tampoco.
Siempre han tenido esa actitud fanfarrona de quienes creen tener un lugar por encima de los demás.
La Asamblea se había formado hace más de trescientos años como una forma de unificar a las manadas más grandes de Estados Unidos contra nuestra mayor amenaza: los Cazadores.
Durante siglos, los cambiantes habían existido junto a los humanos en secreto, protegidos por el Velo, una barrera mágica que separaba el mundo de los cambiantes del mundo humano. Pero algunos lobos confiaron en los humanos equivocados, y nos etiquetaron como monstruos, nos cazaron.
Mataron a un tercio de la población cambiante antes de que la Asamblea se uniera y nos reuniera bajo una sola ley universal.
Sin embargo, esa ley no está por encima de la jerarquía individual de cada manada ni de su ley interna. La Asamblea no está compuesta por Alfas poderosos, ni es un puesto que se pelea y se gana. Se vota, se hereda. Un proceso de elección humana otorgado a criaturas primarias.
Una jugada de poder —dictamina mi lobo.
—Les hemos dicho todo lo que sabemos —dice Jasper con rigidez.
Se sienta erguido, con las manos entrelazadas sobre el regazo, como si estuviera en una maldita reunión del consejo en lugar de estar retenido en territorio hostil.
—Nuestras órdenes fueron directas: interrogar a la chica para asegurarnos de que nuestra existencia siga siendo desconocida. Una vez que informáramos de vuelta, nuestra tarea estaba completa —levanta el mentón—. Ella claramente no sabe nada, así que nuestro trabajo aquí ya terminó.
Los ojos de Ronan se oscurecen.
—¿Ah, sí?
Entonces siento el cambio en el olor de Jasper.
Pequeño.
Cortante.
Miedo… mezclado con algo más.
Ahí está.
Mi señal.
Me separo de la repisa y doy un paso al frente.
—Recuérdame —digo con aire despreocupado—, ¿cuál es la jurisdicción de la Asamblea, exactamente?
La mandíbula de Henry se tensa al instante.
Bingo.
Sigo, caminando despacio frente a ellos.
—Porque la última vez que revisé, los Alfas conservan autoridad absoluta sobre su territorio.
Henry exhala despacio.
—Tienes razón —dice con cuidado—. Pero esto no se trataba de tu territorio. Se trataba de una humana que posiblemente descubriera lo que está oculto bajo el Velo.
Theo resopla desde la pared.
—Eso es forzar las cosas. Su madre era humana. Volvió por un funeral.
—Pero su hermano —dice Jasper, girando la mirada hacia Liam— es un lobo. Lo cual significa que entra dentro de la discreción de la Asamblea asegurarse de que no se transfiriera información por accidente.
El labio de Liam se curva, mostrando dientes que se han alargado de forma peligrosamente evidente.
—Mi lobo —dice Ronan en voz baja.
La habitación se queda inmóvil ante su poder. Ronan se pone de pie con lentitud, y su dominio se despliega como una tormenta rodando sobre las montañas.
—Black Ridge es mi territorio —continúa—. Y cualquier relación entre mis lobos y los humanos de Black Ridge, Aria incluida, cae bajo mi autoridad.
El olor de Jasper se dispara con inquietud.
—La Asamblea lo sabía —gruñe Ronan—. Y aun así envió a dos lobos aquí sin aviso y sin aprobación.
Henry se aclara la garganta.
—Es una queja que llevaremos de vuelta a los miembros de la Asamblea para… consideración.
—¿Consideración? —repito, acercándome.
Mi lobo muestra los dientes. Bastardo arrogante.
—Bueno —digo con amabilidad—, esperemos que piensen rápido.
Me detengo justo frente a Jasper.
—Porque no vas a ir a ninguna parte hasta que todas nuestras preguntas estén respondidas.
Jasper se pone de pie de golpe.
—¡No pueden retenernos aquí!
Liam se mueve tan rápido que Jasper apenas lo ve. Una mano se aferra a su hombro y lo estampa de vuelta en la silla.
—Sí —dice Liam con frialdad—. Podemos.
Theo se separa de la pared.
—¿O ya olvidaste —añade— lo que significa entrar sin avisar en el territorio de otro Alfa?
Cae el silencio.
Arrastro una silla por el suelo, la giro y me siento a horcajadas al revés frente a Jasper.
Ahora estamos cara a cara.
—Empecemos contigo —sonrío.
Mi lobo empuja dentro de mí, ansioso.
—¿Qué —pregunto en voz baja— no nos estás diciendo?
Jasper sostiene mi mirada.
Sus ojos destellan plateados.
Su lobo alzándose.
Un desafío.
Mi propio lobo se lanza al instante.
El calor me inunda las venas.
Rómpelo, gruñe mi lobo.
Me inclino hacia adelante despacio, dejando que mi poder se derrame en el aire.
—Ni te molestes en mentir —le digo—. No va a pasar desapercibido.
La mandíbula de Jasper se tensa.
Silencio.
Tres segundos.
Cinco.
Diez.
Suelto un suspiro.
—Bien —digo.
Me pongo de pie.
—Entonces lo haremos de la manera divertida.
Detrás de mí, Ronan se mueve hacia la puerta.
—Voy a llamar a la central —dice con tono tranquilo—. Para que sepan que no deben esperarlos de vuelta enteros.
La cabeza de Henry se vuelve bruscamente hacia Jasper.
Los dos saben exactamente qué significa eso.
También todos los demás en la habitación.
Mi reputación me precede.
Extractor.
Interrogador.
Monstruo.
Mi lobo se estremece de anticipación.
Siento que ese otro lado de mí se agita: la parte que no siente. La parte que disfruta arrancar secretos de bocas que gritan.
La parte que mantengo con una correa muy corta.
Liam agarra a Jasper del cuello de la camisa y lo levanta.
—No quiero ensuciar la alfombra.
Henry se lanza fuera de su silla.
Theo lo intercepta al instante.
Se estrellan contra la pared con un golpe sordo mientras Theo le tuerce el brazo a Henry detrás de la espalda y lo inmoviliza allí.
Henry gruñe, peleando con todas sus fuerzas.
—¡Suéltalo!
Arrastramos a Jasper hacia la puerta.
Entonces Henry grita—
—¡Solo díselo!
Todo se detiene.
La habitación se congela.
Me giro despacio.
Henry respira con dificultad. Theo todavía lo mantiene sujeto.
Sus ojos se clavan en Jasper.
—No importa —insiste Henry.
Interesante.
Muy interesante.
Vuelvo a mirar a Jasper.
Se ve… nervioso.
De verdad nervioso.
—No seas idiota —dice Henry—. Nuestro puesto no vale lo que sea que te vaya a pasar cuando te saquen por esa puerta.
Sonrío lentamente.
—Tic —digo en voz baja.
—Tac.
Inclino la cabeza.
—No tengo todo el día.
Jasper traga saliva.
—Está bien —murmura.
Luego, más fuerte—
—Está bien.
Se pasa una mano por el cabello.
—No es… nada, en realidad.
Mi lobo resopla. Mentiroso.
—Al menos —continúa Jasper con debilidad—, no estamos seguros de qué es.
—Sigue —lo animo.
—La humana —dice a regañadientes—. Usé el Llamado con ella. Cuando no nos dejó entrar a la habitación.
La temperatura en mi cuerpo se dispara al instante.
El Llamado.
Una habilidad de los Tenues que otorga dominancia vocal. Sugerencia envuelta en compulsión.
Funciona especialmente bien con los cambiaformas, en particular con aquellos que tienen niveles de dominancia más bajos que quien lo ejerce.
¿Y en humanos?
Imposible de resistir.
O debería serlo.
Mis manos se cierran en puños.
Intentaron forzarla, gruñe mi lobo.
Al otro lado de la habitación, Liam suelta un gruñido salvaje que hace vibrar las paredes.
Levanto una mano sin mirar atrás.
Se detiene… pero apenas.
—¿Qué más? —digo.
Los dientes de Jasper se aprietan. La vergüenza se desprende de él en oleadas agrias.
—No funcionó.
Henry habla desde el otro lado de la habitación.
—En cambio, ella te llamó a ti.
La habitación queda en silencio.
Despacio… me vuelvo hacia Liam.
No hace falta ser un genio para darse cuenta de lo que la Asamblea planeaba hacer con ese pequeño dato.
Ronan habla en voz baja.
—Así que iban a llevarse esta información de vuelta y… ¿qué?
—No sé —murmura Jasper—. Pero ninguna humana ha sido capaz de hacer eso jamás.
Mis instintos se encienden.
Peligro.
Oportunidad.
Algo más grande.
Antes de darme cuenta de que me estoy moviendo, mi mano sale disparada y agarra a Jasper por la garganta.
Lo estrello contra la pared.
Mis dedos se tensan.
Se ahoga.
Henry se revuelve en la sujeción de Theo.
—¡Quítate de encima!
Aprieto más fuerte.
Mi lobo ruge en mi cabeza. Ella resistió el Llamado.
Eso es imposible.
A menos que—
—¿Qué más? —gruño.
Jasper jadea buscando aire.
—Ya lo saben.
