Capítulo 3
Los guardias de seguridad no dudaron más. Cada uno la tomó de un brazo y, por más que forcejeó, no logró liberarse.
Los ojos de Emily se llenaron de tristeza y dolor al mirar a los miembros de su familia.
Su voz se quebró al articular las palabras a duras penas.
—¿No quieren que vuelva a casa? ¿Habría sido mejor para todos ustedes si simplemente hubiera muerto allá afuera?
En cuanto esas palabras salieron de sus labios, las expresiones de los invitados presentes cambiaron. Algunos ya miraban a la familia Windsor con extrañeza y reproche.
Wayne maldijo en silencio.
Con tanta gente presente, ¿qué hacía Emily diciendo semejantes tonterías?
¡Si esto salía a la luz, su reputación, cultivada con tanto esmero, quedaría completamente arruinada!
Wayne le dirigió a Bianca una mirada elocuente.
Bianca dio un paso al frente de inmediato y fingió soltar un suspiro de impotencia.
—Emily, nos estás malinterpretando. Somos tus padres biológicos; ¿cómo podríamos querer que murieras allá afuera?
—Es solo que podrías ser portadora de enfermedades infecciosas. No podemos dejar que una sola persona ponga a toda la familia en riesgo.
—Solo colabora con el examen médico. Siempre y cuando estés sana, te llevaremos a casa de inmediato. Esta casa siempre tendrá las puertas abiertas para ti.
El estado mental de Emily se tambaleaba al borde del colapso total, con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Cuántas veces tengo que repetirlo! ¡No tengo ninguna enfermedad!
—¡Llévensela de una vez! —espetó Jason, a quien se le había agotado la paciencia—. Todos tenemos que ir al hospital para hacernos chequeos médicos completos.
Emily no lograba zafarse del agarre de los guardias de seguridad. Justo cuando estaban a punto de llevársela por la fuerza, una voz fría resonó de repente a sus espaldas.
—¡Alto!
La voz no era muy alta, pero transmitía una autoridad abrumadora, cortando el aire como el hielo.
Todos los presentes se quedaron helados y se giraron para mirar.
Charles Howard se acercó vestido con un uniforme táctico negro.
Sus rasgos estaban tan perfectamente esculpidos que parecían la obra de arte predilecta de Dios; cada línea trazada con esmero, con ojos penetrantes y una nariz afilada sobre unos labios finos e implacables.
El rostro de Emily se llenó de asombro.
Lo reconoció: era el oficial de policía que la había rescatado de aquel sótano.
En ese entonces, la sangre le había nublado la vista y la mente. Él había sido quien le quitó el cuchillo de las manos por la fuerza y la llevó a la comisaría.
Pero ¿qué hacía él aquí?
Los miembros de la familia Windsor lo miraron atónitos.
La expresión de Jason se ensombreció.
—¿Quién es usted? ¡Nuestros asuntos familiares no necesitan la intromisión de un extraño!
—¡Cierra la boca! —le gritó Wayne con severidad, volviendo en sí de inmediato—. ¡Él es el oficial Charles Howard! Es el agente federal más joven, destacado y respetado que tenemos, con jurisdicción internacional.
La expresión de Jason se descompuso de inmediato.
Emily repitió el nombre en silencio dentro de su mente.
Conque se llamaba Charles Howard.
Antes de ser secuestrada, había escuchado hablar de la familia Howard.
Era hijo único y había elegido convertirse en oficial de policía en lugar de heredar miles de millones en bienes familiares, lo que provocó un distanciamiento con su familia que ya duraba años.
A Laura se le iluminaron los ojos y, de manera inconsciente, se alisó unas arrugas inexistentes en el vestido.
¡Se trataba de la familia Howard!
¡Controlaban dos tercios del motor económico de la ciudad!
Un solo movimiento suyo podía hacer temblar a toda la ciudad, y estaban en un nivel inalcanzable para la familia Windsor.
Pero ¿y si lograba entrar a la familia Howard mediante el matrimonio y convertirse en la señora Howard?
Una vez que ciertos pensamientos echaban raíces, se volvían imposibles de controlar.
La afilada mirada de Charles recorrió a los dos guardias de seguridad.
Sus rostros palidecieron de inmediato, como si hubieran visto a una bestia aterradora, e instintivamente la soltaron.
Emily por fin recuperó su libertad.
El rostro de Wayne esbozó una sonrisa obsequiosa mientras daba un paso al frente con entusiasmo.
—Oficial Howard, ¿qué lo trae por aquí? Por favor, pase y tome asiento.
La expresión de Charles se mantuvo completamente impasible mientras preguntaba con frialdad.
—¿Qué estaban haciendo hace un momento?
Bianca también sonrió y se adelantó para explicar.
—Durante los años que Emily estuvo retenida por esa organización criminal, se difundieron muchos rumores sobre ella. Queríamos llevarla a que le hicieran un examen médico.
La ironía en los ojos de Emily casi se desbordaba.
Apenas podía creer que la persona que hablaba fuera realmente la madre en la que siempre había confiado y de la que siempre había dependido.
Estaba claro que temían que tuviera enfermedades infecciosas que pudiera contagiarles, pero ahora afirmaban que era por su propio bien.
Wayne retomó la conversación donde la habían dejado.
—Hacemos esto para evitar que Emily vuelva a ser lastimada por los rumores, y para obtener un certificado de buena salud que silencie a quienes difunden mentiras.
Trabajaban juntos para darle un giro completamente distinto a la situación.
De repente, Emily se quedó sin palabras.
¿Acaso temían que Charles les causara problemas?
La mirada de Charles era como una cuchilla cortando el aire, afilada y penetrante.
—¿Creen que soy estúpido y fácil de engañar?
En el momento en que esas palabras resonaron, los rostros de Wayne y Bianca se tornaron cenicientos.
—Emily ya se ha sometido a exámenes médicos completos. No tiene ningún tipo de enfermedad, y mucho menos enfermedades infecciosas.
La mirada de Charles recorrió lentamente a todos los presentes, y ni una sola persona se atrevió a sostenerle la mirada.
—Tomamos la salud física y mental de estas víctimas con extrema seriedad, así como su entorno. ¡Cualquiera que continúe difundiendo rumores malintencionados o perpetuando información falsa enfrentará acciones legales!
Esto no era solo un recordatorio, sino una advertencia.
Emily lo miró con sorpresa y desconcierto.
Cuando estaba indefensa y sola, él la había salvado como si de una intervención divina se tratara.
Y ahora, una vez más, la estaba protegiendo del asalto de los rumores.
Este extraño, al que nunca antes había visto, estaba haciendo todo esto por ella, mientras que su familia... La expresión de Emily era compleja mientras ofrecía su sincero agradecimiento.
—Gracias, oficial Howard. Si no fuera por usted, tal vez seguiría viviendo en el infierno.
La mirada de Charles se suavizó un poco, perdiendo parte de su dureza.
—No hay de qué. Esto es lo que debemos hacer como policías. Luchar contra el mal es nuestra misión.
Laura volvió a aferrarse a su vestido, creando nuevas arrugas en la tela que acababa de alisar, con sus celos apenas contenidos.
¿Cómo es que esta perra tenía una suerte tan increíble?
No solo sobrevivió y volvió a casa, sino que dio la casualidad de que Charles la salvó.
Emily se armó de valor y dio un paso al frente de nuevo.
—Oficial Howard, tal vez haya una cosa más con la que deba molestarlo. Ese sótano era solo una de sus ubicaciones temporales. Hay muchas más víctimas retenidas en lugares dispersos. Espero que también pueda ayudar a rescatarlas. He visto a su líder. Puedo ayudarlo a rastrearlo.
Lo que más le preocupaba a Emily eran aquellas mujeres que habían compartido la vida y la muerte con ella.
No sabía a dónde las habían trasladado ahora, ni si estaban soportando nuevas torturas.
Charles pudo ver la cautelosa esperanza en los ojos de Emily y asintió.
—No te preocupes. De hecho, es por eso que vine a verte hoy.
