Capítulo 34

Pero para sorpresa de todos, cuando Juan cayó al suelo, el brillo asesino de sus ojos no se había apagado. De repente, dio un tirón con la muñeca.

La daga salió volando de su mano, disparada directamente hacia la garganta de Charles.

En ese instante, el tiempo pareció detenerse.

Las pupilas de Em...

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