Tejiendo intrigas

Después del almuerzo, Nick y Mariana caminaban de la mano por el parque cercano al hospital. El sol de la tarde bañaba el rostro de Mariana, quien no podía evitar mirar a su esposo con una mezcla de adoración y travesura. Nick, aunque ya más relajado, mantenía esa guardia alta que lo caracterizaba.

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