La última lección

Mariana detuvo el coche frente a la reja principal, que Emily había dejado entreabierta deliberadamente, como la boca de un lobo esperando a su presa. El silencio de la casa, usualmente cálida y llena de vida, ahora se sentía sepulcral.

Mariana subió los escalones del pórtico con el pulso martillea...

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