El hielo del corazón

El silencio que siguió a la confesión de Mariana era tan denso que parecía poder tocarse. Nick permanecía inmóvil al final del pasillo, con la espalda rígida y los puños tan apretados que los nudillos amenazaban con perforar la piel. Las palabras "nuestro hijo" resonaban en las paredes de la mansión...

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