Sin cabos sueltos

Emily entró al departamento de Alfred con el corazón acelerado, pero su rostro era una máscara de calma fría. Él cerró la puerta detrás de ella y se acercó de inmediato, sus manos ya buscando su cintura, sus labios dirigiéndose a su cuello con esa urgencia posesiva que siempre ponía cuando la veía.

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