Desaparecida

El reloj de la pared en el vestíbulo de la mansión Anderson marcaba las diez de la noche, y cada tic-tac resonaba en los oídos de Nick como el martilleo de un ataúd. Mariana no respondía las llamadas. No había regresado a casa. Sus hombres habían revisado los hospitales, los trayectos habituales y e...

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