Ella se ha ido

Mariana avanzó por el pasillo del segundo piso, con la ropa pegada al cuerpo y el frío del lago todavía calándole los huesos, pero el calor de la rabia era superior.

De pronto, una sombra emergió de detrás de un pesado cortinaje de terciopelo. Antes de que Mariana pudiera reaccionar, un golpe seco i...

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