Su amabilidad

Valerie dejó caer el colgante de entre sus dedos como si de repente hubiera crecido demasiado pesado para soportarlo. Se enderezó, pasándose las manos por el frente de sus jeans, haciendo una mueca ante la suciedad pegada a su ropa ya arruinada. Cada centímetro de su cuerpo se sentía cargado—no solo...

Inicia sesión y continúa leyendo