Juicio para el ladrón

Nadie habló por un momento. Ni Draven, ni Knox, y especialmente no Valerie, que estaba sentada en el suelo donde Knox la había arrojado al entrar en la habitación.

Un escritorio de roble se alzaba frente a sus ojos con dos sillas acolchadas de esmeralda delante de él, y ella supuso que la silla det...

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