Los dioses

—¿Y bien? —preguntó Marianne justo cuando sus pies finalmente tocaron el suelo.

Por un momento pensó que se hundiría en la nieve, pero esta se mantuvo firme y Valerie no pudo borrar la sonrisa de asombro de su rostro.

—Es hermoso, mamá —suspiró Valerie—. Puedo imaginar por qué te gusta tanto queda...

Inicia sesión y continúa leyendo