Capítulo 166

Lisbeth levantó las manos para empujarlo, pero ya fuera por el magnetismo abrumador de Sebastián o por el alcohol nublando su juicio, sus manos no tenían ninguna fuerza.

Sebastián guió fácilmente sus manos hacia la almohada sobre su cabeza. No usó fuerza—solo entrelazó sus dedos con los de ella, de...

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