Capítulo 2

Lisbeth corrió hacia el hospital y chocó con Sebastian York en el pasillo.

Finalmente, hizo la pregunta que tanto le pesaba en la mente:

—Con tu estatus, las mujeres harían fila para casarse contigo. ¿Por qué me eliges a mí?

Su rostro estaba desfigurado, su carrera se había ido a pique y era una madre divorciada.

A Lisbeth no le acomplejaba su situación, pero como Leopold había señalado, para los demás, su madre y Dennis eran una carga, pozos sin fondo que nunca se llenaban.

Sin embargo, Sebastian era el único heredero del Grupo York, el principal magnate de negocios de Ciudad Soberana y un actor aclamado internacionalmente.

Más allá de su atractivo físico, cada uno de sus movimientos irradiaba la elegancia y la autoridad propias de su origen adinerado.

Objetivamente hablando, ella no estaba a su altura.

Hasta el día de hoy, ella y Sebastian solo se habían visto tres veces.

La primera fue en una ceremonia de premiación, donde no intercambiaron más que un asentimiento y una sonrisa.

La segunda fue cuando se enteró de que él era el donante de médula ósea compatible para Dennis que los registros del hospital habían localizado. Y ese mismo día, Sebastian fijó su precio de inmediato: ¡el matrimonio!

¿Cómo podía creerlo?

Sebastian frunció levemente el ceño.

—Mis padres eran grandes admiradores de tu película Canción de verano. Están envejeciendo y su salud se deteriora. Casarme contigo cumpliría su deseo.

Lisbeth no tenía voz ni voto en el asunto.

—De acuerdo. Sin embargo, acabo de firmar mi divorcio hoy y no puedo casarme contigo de inmediato. Necesitaré unos días para arreglar mis asuntos.

Sebastian dejó escapar un suspiro de alivio y respondió rápidamente:

—¡No hay problema!

Había esperado durante años; ¿qué importaban unos días más?

Una vez que llegaron a un acuerdo, se dirigieron directamente al consultorio del médico para programar la cirugía.

Dennis padecía de leucemia aguda y, al tener un donante compatible disponible, el médico quería operarlo lo antes posible.

A Sebastian se lo llevaron para hacerle pruebas prequirúrgicas y confirmar la compatibilidad, mientras que Lisbeth fue al vestíbulo principal.

Justo después de pagar la cuenta, Lisbeth se dio la vuelta y se vio rodeada por una multitud. Las cámaras destellaban sin parar mientras le acercaban los micrófonos al rostro.

—Señorita Whitaker, nos enteramos de que consiguió que el señor York le done médula ósea a su hijo. ¿Es eso cierto?

Antes de que pudiera responder, le acercaron bruscamente varios micrófonos más.

—¿Existe un romance secreto entre usted y el señor York? Las probabilidades de compatibilidad entre personas no emparentadas son extremadamente bajas. ¿Podría el niño ser hijo ilegítimo del señor York?

—Ayer, su esposo y el señor York discutieron en el hospital. ¿Fue porque se enteró de que el niño no es suyo?

—Lisbeth, ¿tuvo una aventura con el señor York durante su matrimonio y concibió a su hijo? ¿Fue un desliz temporal o un plan premeditado?

—Señorita Whitaker...

Verdaderos reporteros y paparazzi se mezclaban, y cada pregunta era más mordaz que la anterior.

Lisbeth apretó los puños, mirando con furia a la multitud de medios de comunicación. Estaba claro que venían preparados. No había duda de quién estaba detrás de esto.

¿Elora y Leopold estaban dispuestos a tachar a Dennis de hijo ilegítimo solo para arruinar su reputación? ¡Incluso habían arrastrado a Sebastian para maximizar el escándalo!

Lisbeth sabía que debía hacer una declaración pública ahora mismo, o las consecuencias serían devastadoras.

—¡Hasta ahora, no he tenido ninguna relación en absoluto con el señor York! —habló con firmeza, reprimiendo su furia—. El padre es mi exmarido, Leopold Hearst. Podemos comprobarlo—

—¡Lisbeth! ¿Todavía intentas ocultar la verdad? —la interrumpió un fuerte grito desde el fondo de la multitud.

La mitad de los reporteros se volvió hacia la voz.

Leopold se abrió paso entre la multitud hasta situarse frente a Lisbeth. Elora, vestida de blanco, lo seguía de cerca.

—Cuando Lisbeth quedó embarazada, yo todavía estaba inconsciente por una explosión —Leopold se dirigió a los medios con una claridad metódica—. ¿Cómo podría un paciente inconsciente dejar embarazada a una mujer?

Lisbeth frunció el ceño e intentó hablar, pero Leopold no le dio oportunidad de defenderse.

—Además, por consideración al niño que me llama «papá» y a nuestro matrimonio, vine en secreto al hospital con la remota esperanza de hacerme la prueba como donante. ¿El resultado? ¡No era compatible con ese niño en absoluto!

Hizo una pausa dramática.

—¡Pero el actor Sebastian York fue totalmente compatible! ¿Qué les dice eso?

Los reporteros intercambiaron miradas cómplices. Eso sugería que los rumores no eran infundados: ¡Lisbeth debía de haber estado teniendo una aventura con Sebastian todo este tiempo!

¿El renombrado actor, que nunca se había visto envuelto en un solo escándalo, se había involucrado en secreto con una mujer casada, había engendrado un hijo ilegítimo y había dejado que el esposo legal lo criara?

La escena estalló en un caos. Las preguntas se volvieron más incisivas, mezcladas con burlas y condenas.

Lisbeth intentó explicarse desesperadamente hasta que su voz se volvió ronca, pero nadie la escuchaba.

Solo querían saber cuánto tiempo había durado su relación inapropiada con Sebastian. Alguien incluso preguntó cuántas veces se habían acostado.

Lisbeth continuó dando explicaciones mientras retrocedía, hasta que quedó acorralada contra la pared, sin tener a dónde huir.

—De verdad estás haciendo todo lo posible por difamarme, ¿no es así? —dijo con amargura, levantando la mirada con frialdad hacia Leopold—. ¡Sin que te importe siquiera tu propia reputación! ¿Qué pasa? Ya estamos divorciados, ¿todavía tienes miedo de que me aferre a ti?

Su voz bajó a un susurro peligroso.

—No te preocupes, ¡no soy tan sucia y despreciable como crees! Puedo amar profundamente y dejar ir por completo, ¡pero no deberías estar tirándole lodo a Dennis! Cuando recuperes la memoria, ¡te arrepentirás de esto!

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