CAPÍTULO VEINTINUEVE.

Me desperté de un sobresalto cuando la puerta de la cabaña se abrió de golpe, el sonido rompió la quietud de la cabaña como un trueno. Mientras risitas de chicas alegres se filtraban desde la oscuridad exterior.

—¡Bueno, buenas noches!— llegó la voz familiar de Anna mientras tropezaba por la entrad...

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