CAPÍTULO TREINTA Y DOS.

Era alrededor del mediodía cuando mis amigas regresaron riendo a nuestra pequeña cabaña. Sus brazos estaban llenos de montones de ropa recién lavada y cuidadosamente doblada. Las sonrisas alegres en sus rostros mostraban que estaban de muy buen humor.

Suzanne me miró con una expresión comprensiva. ...

Inicia sesión y continúa leyendo