CAPÍTULO TREINTA Y TRES.

Era de noche y caminaba en silencio hacia la pequeña cabaña. Esta sería la primera noche que dormiría allí sola, ahora que todos mis amigos se habían ido con sus nuevos compañeros.

Mientras cruzaba el prado del pueblo, no podía sacudirme la sensación de que alguien o algo me seguía. Varias veces me...

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