CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE.

Sosteniendo algunos trozos de pan contra mi pecho, me apresuré a salir del pueblo principal hacia la pequeña cabaña solitaria que se había convertido en mi santuario durante las últimas lunas.

En poco tiempo, mis pies cansados me llevaron la corta distancia de regreso a mi pequeña cabaña apartada, ...

Inicia sesión y continúa leyendo