CAPÍTULO CUARENTA.

Hui del refugio, mis pies golpeando contra el suelo arenoso mientras corría a ciegas, desesperada por poner la mayor distancia posible entre el príncipe Luther y yo.

Mi pecho se agitaba con jadeos entrecortados, en parte por el esfuerzo y en parte por los restos de pánico que aún apretaban mis pulm...

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