CAPÍTULO CUARENTA Y UNO.

Una voz quebrada y anciana rompió la paz del sueño que me envolvía. —Liora... despierta ya, niña.

Abrí los párpados con gran esfuerzo, parpadeando como un búho mientras el rostro ajado de la Anciana Morris se enfocaba ante mí. Estaba inclinada sobre el catre, con su mano apoyada en mi hombro.

—Lio...

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