CAPÍTULO OCHENTA Y CINCO.

Susurré su nombre para no llamar la atención de los guardias, pero parecía que no podía oírme. Estaba débil, y por su aspecto parecía que había sido torturada brutalmente.

Estaba sola en la silla, pero le resultaba difícil moverse un centímetro mientras yacía allí.

Lo peor que podría haber pasado ...

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