Capítulo 1 La hermana Curvy

Capítulo 1

Victoria Sandoval llevaba toda la vida intentando demostrar que valía más que un número en una etiqueta.

Desde niña entendió que, para la élite de la ciudad, una mujer como ella jamás sería suficiente. Era demasiado curvy para los estándares de las familias más influyentes, demasiado auténtica para fingir ser alguien más y demasiado parecida a su madre, la única persona que la había amado sin condiciones.

Su madre le había enseñado que la belleza nunca debía medirse por una talla. Su padre pensaba exactamente lo contrario.

Desde que ella murió, Arturo Sandoval apenas la miraba. Nunca la insultaba delante de otros, pero tampoco ocultaba su decepción. Cada logro de Victoria era recibido con un simple "Felicidades", mientras que cualquier cosa que hiciera Cassandra, su medio hermana merecía celebraciones, portadas de revistas y cenas de gala.

Durante años eso le dolió. Después dejó de buscar su aprobación y la encontró de una manera.

Si el mundo no quería hacer ropa para mujeres como ella, entonces la haría ella misma.

Por eso aquella noche significaba tanto.

El lanzamiento de su nueva colección de lencería curvy había superado todas las expectativas.

Las modelos desfilaban orgullosas sobre la pasarela, sonriendo con una seguridad que pocas veces había visto en mujeres de talla grande. Las cámaras no dejaban de disparar flashes, los periodistas hacían preguntas y los pedidos seguían entrando sin descanso.

Victoria observaba todo desde un costado con los ojos brillantes.

—Lo lograste —dijo su socia y amiga Leticia abrazándola—. La colección está toda vendida.

Victoria soltó una risa incrédula. Sintió un nudo en la garganta. Esto era mucho más que dinero.

Era la prueba de que su madre siempre tuvo razón, ella era más que lo que pensaban los demás.

Cuando el evento terminó, Arturo Sandoval se acercó a ella. Victoria sonrió con ilusión.

Tal vez, solo por una vez, escucharía un "estoy orgulloso de ti".

Su padre apenas le acomodó el saco.

—Nada mal.

Solo eso. Después tomó el teléfono al escuchar que Cassandra lo llamaba y se alejó sin añadir una palabra más.

Victoria bajó la mirada. No sabía por qué seguía esperando algo diferente.

—¿Puedo robarte un minuto?

La voz la hizo sonreír de inmediato.

Liam Gallagher.

Alzó la vista y encontró a su mejor amigo con un enorme ramo de lirios blancos entre las manos.

Era tan elegante como siempre. Alto, impecablemente vestido y con esa calidez que había logrado conquistarla desde que eran niños.

—Felicitaciones, Vicky. —Le entregó las flores. —Sabía que lo conseguirías.

Victoria las recibió con una sonrisa.

—Gracias. Significa mucho que hayas venido.

Caminaron juntos hasta una terraza mucho más tranquila.

Hablaron de la infancia, de los días en los que jugaban a esconderse en la enorme finca de los Gallagher y de todas las veces que Liam había sido el primero en defenderla cuando alguien se burlaba de su cuerpo.

Victoria lo observó con ternura. Llevaba enamorada de él desde los quince años. Nunca había tenido el valor de decírselo.

Liam respiró hondo.

—Hay algo importante que debo decirte y espero que si no estás de acuerdo, nuestra amistad no se dañe.

Ella sintió que el corazón empezaba a latir con fuerza.

—Te escucho.

—Ya se quien es el amor de mi vida.

La sonrisa de Victoria se mantuvo, aunque una extraña sensación comenzó a crecer dentro de ella.

—¿Sí?

Liam tomo la mano de Victoria, estaba sudando muy nervioso, Victoria sintió que las piernas le temblaban.

—¿Quién es la afortunada? —titubeo esperando escuchar de sus labios su nombre.

Liam la miró con una felicidad imposible de ocultar.

—Cassandra, tu hermana, así que ahora somos cuñados.

El mundo se detuvo. Victoria escuchaba su propia respiración, pero las palabras de Liam parecían escucharse muy lejos.

—Tu hermana y yo llevamos meses juntos. Queríamos mantenerlo en secreto hasta estar seguros. Espero que nos apoyes.

Victoria sintió que el pecho se le rompía en mil pedazos. Aun así asintió.

—Claro, cuñado —bromeo con una risa ahogada.

Era la única respuesta que podía darle al hombre que amaba. Se despidió con una excusa y abandonó el edificio antes de que las lágrimas terminaran por vencerla delante de todos.

El día mas maravilloso de su vida, de nuevo era opacado por su hermana.

No recordo cómo llegó hasta el departamento de Cassandra. Solo sabía que necesitaba respuestas, su hermana sabía de los sentimientos que ella tenía los Liam.

Golpeó la puerta con fuerza. Su hermana apareció sonriendo.

—¿A qué debo el honor? —cruzo los brazos con una sonrisa frigida.

—¿Por qué nunca me dijiste que estabas con Liam? —Victoria levantó la mirada.

—Porque sabía que reaccionarías así. —Cassandra soltó una carcajada. —¿Estás celosa, hermanita?

—¿Lo amas? —Victoria respiró hondo, solo quería que el fuera feliz.

—¿Importa? — Cassandra cruzó los brazos.

—¡Responde! Amas a Liam.

—Liam es un vizconde, me dará estatus, el que papá nunca logro por su pasado en la mafia, seré de la realeza ¿El amor importa en esos casos?

Victoria la agarró de los brazos

—No quiero que le hagas daño.

—¿De verdad pensaste que Liam iba a fijarse en ti? —Cassandra se soltó y la miro con rabia

Victoria sintió un vacío en el estómago.

—Él pertenece a una de las familias más importantes del país. Es vizconde. Necesita una mujer que pueda lucir en cada evento. —La recorrió con desprecio. —No una gorda.

Victoria cerró los ojos un instante. Aquellas palabras dolían más porque venían de su propia hermana.

—Ojalá algún día aprendas lo que significa amar a alguien.

Cassandra volvió a reír.

—Y ojalá tú aceptes que ningún hombre como Liam se enamoraría de una mujer como tú.

Victoria salió del edificio antes de perder el control. Cuando llegó a su automóvil, vio un sedán negro detenerse frente al edificio.

Cassandra salió pocos segundos después.

Miró a ambos lados con evidente nerviosismo antes de subir. Algo no estaba bien. Victoria decidió seguirlos.

El vehículo recorrió varias calles hasta detenerse frente a un exclusivo bar.

No parecía un sitio cualquiera. Había hombres de traje vigilando la entrada. Todos llevaban un auricular oculto.

Cassandra entró sin problemas. Victoria esperó unos segundos antes de seguirla.

La música llenaba el lugar. Recorrió el salón con la mirada.

Entonces la encontró en el área VIP

Su hermana estaba besando apasionadamente a un hombre alto, de traje negro, el pecho cubierto de tatuajes y una presencia tan imponente que todo el mundo parecía mantener la distancia.

Victoria caminó directamente hacia ellos. Tomó a Cassandra del brazo y la apartó.

—¿Qué demonios haces? —le dijo furiosa —Vámonos.

El hombre dio un paso al frente.

—Suéltala, ella se quiere quedar conmigo.

Victoria sostuvo su mirada, eso le impresiono al hombre que estaba acostumbrado a ser temido

—Aléjate de mi hermana, no te quiero cerca de ella ni a centímetros.

Los guardaespaldas se acercaron al instante. Nadie se atrevía a hablarle así a su jefe.

Él sonrió.

—¿Y quién eres tú para darme órdenes?

—Soy Victoria Sandoval y por supuesto tengo más influencias que tú. No vuelvas a acercarte a Cassandra. Si lo haces, sentirás el peso del apellido Sandoval.

El hombre la observó unos segundos.

Después habló con una arrogancia que resultó mucho más intimidante que un grito.

—Si eres tú quien la aleja de mí serás tú quien sienta el peso del apellido Moretti.

Victoria frunció el ceño.

—¿Moretti?

Cassandra se puso pálida y muy nerviosa, su secreto estaba a la vista de todos.

—Victoria... vámonos. —dijo jalandolo del brazo.

—¿Quién es él?

Su hermana tragó saliva antes de responder con la voz temblorosa.

—Es Matías Moretti..el Don de la Cosa Nostra en América.

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