Capítulo 4 El plan Moretti
Capítulo 4
Pasa un mes...
La boda entre Liam Gallagher y Cassandra Sandoval se convirtió en el acontecimiento social más importante del año. La catedral estaba llena de empresarios, políticos, aristócratas y periodistas. Afuera, cientos de personas esperaban solo para ver llegar a los novios en medio de flashes y aplausos.
Victoria permanecía de pie cerca del altar, vestida con un elegante traje color vino que delineaba sus curvas. Mantenía una sonrisa educada mientras observaba a Cassandra avanzar por el pasillo con el vestido de novia que ella misma había diseñado durante noches enteras de insomnio.
Cada puntada había sido un sacrificio. Cassandra lucía radiante. Liam, a su lado, no podía dejar de mirarla con adoración.
Cuando Liam levantó el velo y besó a su esposa con ternura, Victoria sintió que el corazón se le rompía una vez más. Aplaudió junto con los demás invitados.
Hoy era el día más feliz del hombre al que había amado en silencio durante tantos años.
Durante la recepción en el exclusivo salón de eventos, buscó un rincón apartado para intentar recuperar la calma.
—¿Estás bien? —preguntó Leticia al acercarse. La observó y tomó una de sus manos—. Tienes los ojos rojos.
Victoria respiró antes de responder. Intentó sonreír, aunque el esfuerzo le dolía en el alma.
—Sí… Solo estoy un poco cansada. Han sido semanas muy pesadas preparando todo.
Leticia no parecía convencida. Conocía demasiado bien a su amiga. En ese instante, Cassandra apareció frente a ellas con una enorme sonrisa.
—¿Me prestas un momento a mi hermana? —preguntó mirando a Leticia con dulzura.
Cuando quedaron solas detrás de una columna decorada con flores blancas, la máscara de Cassandra cayó.
Abrazó a Victoria con aparente cariño. Desde lejos parecían dos hermanas felices compartiendo un momento especial.
Solo Victoria pudo escuchar el veneno en sus palabras:
—Debe ser horrible ver al hombre que amas convertido en mi esposo. Patético, ¿no?
Victoria cerró los ojos un instante. No iba a darle la satisfacción de verla llorar delante de todos.
—Solo espero que algún día lo ames de verdad.
—No te preocupes por mi matrimonio. Mejor preocúpate por encontrar un hombre que quiera casarse contigo… si es que alguno te soporta con ese cuerpo. —Le dio un beso en la mejilla, como si nada hubiera ocurrido, y regresó junto a Liam con una risa alegre.
Victoria se quedo inmóvil. Aquellas palabras dolían como cuchillos. Pero lo que más le dolía era saber que, aun así, seguía deseándole felicidad a Liam.
Dos semanas después, los recién casados partieron a su luna de miel en el Caribe.
La mansión Sandoval recuperó poco a poco la tranquilidad. Arturo parecía más tranquilo, y Victoria se refugió en su taller de diseño, intentando reconstruir su vida pedazo a pedazo.
Hasta que un mensaje cambió todo.
Arturo recibió un sobre negro con el sello dorado de la familia Moretti. Su cara se puso palida apenas terminó de leerlo. No dio explicaciones. Solo tomó las llaves del automóvil y salió de la casa sin decir una palabra.
La residencia Moretti imponía respeto desde la entrada. Varios hombres armados vigilaban cada esquina. Giorgio recibió a Arturo y lo condujo hasta el despacho principal.
Matías esperaba junto al ventanal, de espaldas, con las manos en los bolsillos. Cuando se giró, su mirada era mucho más fría.
Había pasado un mes en prisión. Un mes suficiente para que el odio reemplazara cualquier esperanza de amor.
—Arturo Sandoval —saludó con absoluta calma.
Arturo sostuvo su mirada.
—Hace muchos años dejé la Cosa Nostra. No entiendo por qué me hiciste venir.
Matías sonrió con frialdad.
—Precisamente porque la abandonaste. Para esta organización sigues siendo un traidor, se te dio amnistía y nos volviste a traicionar.
Arturo cruzó los brazos.
—Ya pagué por mis decisiones, les di todas mis rutas y mis hombres, desde entonces no se nada de ustedes.
Matías caminó lentamente alrededor del escritorio.
—Mientras estuve preso, mi abuelo utilizó todas sus influencias para conseguir mi libertad. Giorgio investigó quién organizó el operativo. El comandante que dirigió mi captura era un hombre cercano a tu hija Victoria.
Arturo frunció el ceño.
—Mi hija no tuvo nada que ver.
—Yo pienso lo contrario —Matías golpeó suavemente el escritorio con los nudillos.
El estaba convencido de que Victoria hizo todo para alejarlo de Cassandra.
Arturo negó con firmeza.
—Estás equivocado, Victoria...
—No importa —Matías lo interrumpió sin darle oportunidad de continuar—. Ustedes tienen que pagar las consecuencias de su traición.
Abrió un pequeño cajón y sacó varios documentos.
—Mi abuelo decidió devolverme la totalidad de mi herencia. Pero puso una condición. Debo casarme y darle un heredero a la familia Moretti.
—Entonces busca una esposa —respondió Arturo con alivio.
Matías sonrió.
—Eso pienso hacer y ya la encontré, será tu hija, la misma que traicionó nuestro trato. Quiero a Victoria.
Arturo abrió los ojos con sorpresa.
—Ella jamás aceptará.
Matías dio un paso hacia él. Su voz se volvió mucho más fría.
—No le estoy pidiendo permiso
—Si te niegas, informaré al resto de los Don que Arturo Sandoval rompió el juramento de la Cosa Nostra. Serás declarado traidor y responderás.
Arturo sintió un escalofrío. Conocía perfectamente las consecuencias.
—Acepto.
Una hora después, ambos llegaron a la mansión Sandoval.
Victoria abrió la puerta y, al ver a Matías, su expresión fue de asombro
—¿Qué hace este hombre aquí? —preguntó molesta mientras se colocaba frente a su padre para impedirle el paso.
Matías sonrió con arrogancia.
—Veo que me extrañaste.
Victoria lo ignoró por completo y miró a Arturo.
—Papá, ¿qué significa esto?
Arturo respiró. No encontraba las palabras.
Matías habló primero.
—Será mejor que tu padre te informe la decisión que tomó.
Victoria sintió un mal presentimiento.
—¿Qué decisión?
Arturo cerró los ojos unos segundos. Cuando volvió a abrirlos, habló con la voz quebrada.
—Victoria… vas a casarte con Matías.
Ella sintió que el mundo se detenía. Retrocedió un paso.
—Eso no va a pasar.
Arturo intentó acercarse.
—Escúchame…
—¡No! ¡Jamás me casaré con él!
Su respiración comenzó a acelerarse. El pánico le cerraba la garganta.
Matías tenía una actitud arrogante, disfrutando de su venganza.
Arturo llevó una mano al pecho. Su rostro se puso rojo y empezó a respirar rápido.
—Papá… —susurró Victoria al verlo tambalearse.
Un segundo después, Arturo cayó al suelo.
Victoria corrió desesperada hacia él mientras Matías llamaba a una ambulancia.
Horas más tarde, Arturo despertó en el hospital. Tomó la mano de su hija con dificultad.
—Perdóname.
Victoria comenzó a llorar.
—No hables.
Arturo negó lentamente.
—Si no aceptas… la Cosa Nostra destruirá todo. Incluso pueden enviarme a prisión por mi pasado.
Victoria sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—No quiero perderte.
Arturo apretó débilmente su mano.
—Cásate con él… por favor.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control. Después de unos segundos, Victoria bajó la cabeza.
—Lo haré.
Salió de la habitación sin fuerzas.
Matías la esperaba en el pasillo, con las manos en los bolsillos y la observaba con frialdad.
Victoria levantó la mirada.
—Acepto casarme contigo.
Él asintió. No sonrió. No mostró ninguna emoción. Solo dio un paso hacia ella.
—Buena decisión.
Victoria apretó los puños hasta que le dolieron.
—Lo hago únicamente para salvar a mi padre.
Matías inclinó la cabeza. Sus ojos reflejaban el mismo odio
que llevaba acumulando durante el último mes.
—El motivo no me interesa. Tú me quitaste a Cassandra. Y te prometo una cosa, Victoria. Voy a convertir tu vida en un infierno.
