Capítulo 42 42

Victoria no apartó la mirada, aunque las manos le temblaban. Cualquier palabra podía encender una guerra, pero no pensaba esconderle nada a Matías: los secretos ya los separaron una vez y no estaba dispuesta a repetir ese error.

—Fui a la casa de Giorgio —confesó, y le tomó las manos, rígidas como p...

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