Capítulo 6 LUNA DE MIEL
Capítulo 6
Matías no apartaba la mirada de la pulsera. Sus dedos seguían cerrados alrededor de la muñeca de Victoria, mientras ella intentaba soltarse sin conseguirlo.
—Déjame en paz —exigió Victoria, tirando del brazo con fuerza.
Matías levantó la mirada hacia su rostro. La sorpresa que había sentido al reconocer la pulsera fue reemplazada por desconfianza.
—Primero vas a decirme de dónde la sacaste —respondió con voz firme.
—No tengo que darte ninguna explicación —contestó Victoria, sosteniéndole la mirada. Aunque su cercanía la ponía nerviosa, se negó a demostrarlo y levantó el mentón con orgullo.
Matías soltó una risa breve, sin humor.
—Eres mi esposa y estás dentro de mi casa. Vas a responderme cuando te haga una pregunta —dijo con arrogancia. Sus ojos volvieron a detenerse sobre el pequeño sol y la luna que colgaban de la cadena.
Victoria sintió que la rabia le subía por el pecho. Con un movimiento brusco logró liberar la muñeca y retrocedió varios pasos.
—La pulsera es mía. Mi madre me la regaló cuando era niña y nunca me la he quitado —respondió mientras acariciaba el dije con los dedos. El recuerdo de su madre consiguió calmarla un poco, aunque la actitud de Matías seguía irritándola.
Él entrecerró los ojos.
—Mientes. Esa pulsera le pertenece a Cassandra —aseguró. Recordaba haberla visto en su muñeca durante aquella gala, y no estaba dispuesto a aceptar otra explicación.
Victoria lo miró con incredulidad antes de soltar una risa amarga.
—¿Cassandra? Ella toma mis cosas desde que éramos niñas. Debió usarla alguna vez sin mi permiso, como hacía con mis vestidos, mis zapatos y cualquier cosa que le gustara —explicó, cruzándose de brazos para cubrirse mejor con la bata.
Matías apretó la mandíbula. No quería creerle. Cassandra le había dicho que la pulsera era suya y que la conservaba desde la infancia.
—No intentes ensuciar su imagen frente a mí —advirtió mientras se acercaba otra vez. Su voz bajó, pero la amenaza seguía presente—. Si me casé contigo fue para protegerla de ti y para hacerte pagar por lo que le hiciste.
Victoria sintió rabia y decepción. No entendía cómo un hombre que dirigía una organización tan poderosa podía ser tan fácil de manipular cuando se trataba de su hermana.
—No tienes idea de quién es Cassandra —respondió, mirándolo directamente a los ojos. La seguridad en su voz hizo que Matías se quedara quieto—. Te vas a decepcionar cuando descubras que no es la santa que crees.
La expresión de Matías se endureció.
—Cassandra me ama. Tú la obligaste a alejarse de mí y entregaste mi ubicación a la policía porque no soportabas verla feliz —dijo con un tono lleno de resentimiento. Cada palabra parecía confirmar una verdad que se había repetido durante semanas.
Victoria negó lentamente con la cabeza. Durante un instante pensó en contarle todo: la boda por interés, las mentiras, la forma en que Cassandra había pedido el número del comandante y la llamada que hizo aquella noche.
Sin embargo, recordó que ella misma había entregado el contacto. Cassandra la había manipulado.
—Cree lo que quieras —dijo finalmente, sujetando con fuerza la bata contra su cuerpo.
Él la observó durante varios segundos.
—Eso pensé —respondió con frialdad. Luego señaló la pulsera—. Y no vuelvas a usar algo que le pertenece a ella.
Victoria abrió los ojos con indignación.
—No vuelvas a decirme qué puedo usar. Esa pulsera era de mi madre y es lo único que nadie va a quitarme —declaró con la voz temblando de emoción. Después se giró y entró al vestidor, cerrando la puerta con fuerza.
Matías permaneció inmóvil en medio de la habitación. Quería convencerse de que Victoria mentía, pero la seguridad con la que hablaba de su madre dejó una duda incómoda en su cabeza.
A la mañana siguiente, Cassandra y Liam regresaron a la ciudad después de su luna de miel.
El viaje había terminado antes de lo planeado. Liam no había dicho más de unas pocas palabras desde que abandonaron el aeropuerto. Su expresión era seria y mantenía la mirada fija en la ventana del automóvil.
Cassandra intentó acercarse, pero él apartó la mano cuando ella quiso tocarlo.
—¿Vas a seguir tratándome así? —preguntó con molestia. Intentó mantener una voz tranquila, aunque comenzaba a desesperarse por el silencio de su esposo.
Liam giró el rostro hacia ella.
—Me mentiste —respondió sin levantar la voz. La decepción en sus ojos hizo que Cassandra se removiera incómoda sobre el asiento—. Me aseguraste que nunca habías estado con otro hombre, que eras virgen
Cassandra respiró hondo y trató de sonreír.
—Eso no debería importar ahora. Estamos casados y te elegí a ti —dijo con dulzura, acercándose de nuevo. Quiso besarle la mejilla, pero Liam se apartó antes de que pudiera hacerlo.
—Importa porque construimos nuestro matrimonio sobre una mentira —contestó él, apretando las manos sobre las piernas. No estaba molesto porque ella hubiera tenido una vida antes de conocerlo, sino porque lo había mirado a los ojos y le había mentido durante meses.
Cassandra desvió la mirada.
—Tenía miedo de que me juzgaras —murmuró con aparente tristeza. Bajó la cabeza, esperando provocar lástima, pero Liam no respondió.
Cuando llegaron a la mansión Sandoval, Arturo los recibió en la sala. Su rostro estaba cansado y todavía debía evitar cualquier esfuerzo después de su hospitalización.
—Hay algo importante que deben saber —anunció mientras tomaba asiento. Miró a Cassandra y después a Liam, sin saber cómo explicar lo sucedido en su ausencia.
Liam se acercó con preocupación.
—¿Te ocurrió algo? —preguntó, observando el mal aspecto de Arturo. A pesar de su enojo con Cassandra, seguía respetando profundamente a su suegro.
—Sufrí una crisis, pero ya estoy mejor —respondió Arturo. Guardó silencio antes de continuar—. El problema es que Victoria se casó.
Cassandra abrió los ojos con sorpresa.
—¿Victoria? ¿Con quién? —preguntó de inmediato. Una sensación desagradable apareció dentro de ella, aunque todavía no conocía la respuesta.
Liam dió un golpe a la mesa
—¿Que paso? Victoria nunca se casaría sin decirme —en ese momento Liam sintió celos, sentía que había perdido alguien importante para el.
Arturo bajó la mirada.
—Con Matías Moretti.
El rostro de Cassandra cambió. Sus dedos se cerraron alrededor de su bolso y su respiración se volvió más rápida.
—Eso es imposible —dijo, poniéndose de pie. Intentó ocultar la rabia detrás de una expresión de preocupación—. ¿Cómo permitiste que mi hermana se casara con un criminal?
Liam también pareció sorprendido. Recordó el beso que había presenciado en el jardín y la forma en que Victoria dijo que estaba saliendo con aquel hombre.
—Entonces sí lo conocía —murmuró, sintiendo una molestia que no supo explicar. La idea de Victoria casada con Matías le resultaba mucho más incómoda de lo que podía admitir
Arturo asintió con pesar.
—No fue una decisión sencilla. Matías utilizó mi pasado para obligarnos. Victoria aceptó para protegerme —explicó, sintiendo vergüenza al reconocer el sacrificio de su hija.
Cassandra apenas escuchó el resto. Tomó su bolso y caminó hacia la salida.
—Necesito verla —dijo con rapidez, evitando mirar a Liam. Su esposo intentó detenerla, pero ella abandono la casa.
Matías estaba en el jardín de la mansión Moretti cuando uno de los guardias le informó que Cassandra había llegado.
No esperó a que terminara de hablar. Caminó hacia la entrada y se detuvo al verla bajar del automóvil.
Cassandra corrió hacia él.
Matías la recibió entre sus brazos y la besó sin pensarlo. Durante unos segundos olvidó su rabia, la prisión y el matrimonio que había firmado.
Cassandra respondió al beso con la misma intensidad. Sus manos se cerraron alrededor del cuello de Matías, mientras él la sostenía por la cintura.
—¿Por qué te casaste con ella? —preguntó Cassandra cuando finalmente se apartó. Sus ojos estaban llenos de celos y su respiración seguía agitada—. Sabías que me obligaron a casarme con Liam.
Matías le acarició el rostro con ternura.
—Lo hice para protegerte —respondió. Miró sus labios antes de volver a concentrarse en sus ojos—. Victoria no volverá a interferir entre nosotros. La mantendré controlada y pagará por todo lo que hizo.
Cassandra sintió alivio al escuchar esas palabras, pero también una fuerte satisfacción al saber que todavía tenía poder sobre él.
—No quiero que te enamores de ella —murmuró mientras apoyaba una mano sobre su pecho. Fingió vulnerabilidad, aunque en realidad solo quería asegurarse de que Matías siguiera disponible para ella.
Él negó de inmediato.
—Eso nunca pasará. Tú eres la única mujer que he amado —respondió con seguridad. Después inclinó el rostro y volvió a besarla.
Ninguno de los dos vio a Victoria detenerse en la entrada del jardín.
Había salido para reunirse con Leticia, pero al verlos juntos se quedó inmóvil. La rabia apareció antes que el dolor. Cassandra llevaba pocas horas de regreso y ya estaba traicionando a Liam.
Victoria caminó hacia ellos con pasos rápidos.
Antes de que Cassandra pudiera reaccionar, Victoria le dio una bofetada.
El golpe hizo que Cassandra girara el rostro. Matías la sostuvo por los hombros para evitar que perdiera el equilibrio.
—¡¿Qué te pasa?! —gritó Cassandra, llevándose una mano a la mejilla. Sus ojos se llenaron de furia al ver a su hermana frente a ella.
Victoria respiraba con dificultad. Sus manos temblaban, pero no se arrepentía.
—Compórtate como la esposa de Liam —exigió, mirando a Cassandra con una mezcla de rabia y decepción—. Acabas de regresar de tu luna de miel y ya estás besando a otro hombre.
Matías dio un paso al frente y se colocó delante de Cassandra.
—No vuelvas a tocarla —advirtió con una voz baja y peligrosa. Su cuerpo bloqueó por completo a Cassandra, como si Victoria representara una amenaza.
Victoria soltó una risa incrédula.
—Claro. Defiéndela otra vez sin saber la verdad —respondió, mirándolo con desprecio. La actitud de Matías terminó por destruir la poca paciencia que le quedaba.
Cassandra se aferró al brazo de Matías.
—No la escuches. Está celosa porque tú nunca podrías querer a una mujer como ella —dijo con una sonrisa cruel, sintiéndose segura detrás de él.
Victoria apretó los dientes. Las palabras sobre su cuerpo dolieron, pero no permitió que Cassandra desviara la conversación.
—Entonces dile la verdad —exigió, clavando la mirada en su hermana. Dio un paso hacia ella, ignorando la advertencia de Matías—. Dile que te avergonzaba que fuera un mafioso. Dile que solo lo querías como amante y que jamás pensabas convertirte en su esposa.
El rostro de Cassandra perdió el color.
Matías permaneció inmóvil.
—¿De qué estás hablando? —preguntó, pero su voz ya no tenía la misma seguridad.
Victoria sostuvo la mirada de Cassandra.
—Dile también quién entregó su ubicación a las autoridades —continuó con la voz firme. La culpa seguía presente porque ella había dado el número del comandante, pero ya no estaba dispuesta a cargar sola con toda la responsabilidad—. Dile que fuiste tú quien llamó a la policía porque querías librarte de él y casarte tranquilamente con Liam.
Cassandra abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.
Matías giró lentamente hacia ella.
La mano que mantenía sobre su cintura cayó a un lado de su cuerpo.
—Cassandra —dijo con una calma que resultaba más inquietante que un grito—. Mírame y dime que Victoria está mintiendo.
