Capítulo 54: No estés tan ansioso

La persona que empujó la puerta para entrar no era otra que Amelia.

Llevaba un vestido de noche blanco; parecía una rosa blanca en pleno florecimiento, tan delicada y radiante que uno sentía ganas de sostenerla con cuidado en la palma de la mano y atesorarla.

Pero Samuel no se atrevía a sostenerla...

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