Capítulo 41 Nadie sabe cómo salvarlo

—Eleanor, ¿ya está?

Ryder miró a su hijo, tendido en la cama, tan agotado que no podía hablar; los ojos se le llenaban de desconsuelo, y aun así no se atrevía a acercarse.

Eleanor guardó la última aguja de plata en su estuche y asintió.

—De ahora en adelante solo necesita baños terapéuticos. Ya l...

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