Libro 5, parte 109

Los segundos pasaban mientras seguía mirándola. Ella seguía sosteniendo mi mano fuertemente en la suya.

—Por alguna razón, te creo.

—Puedes creerme, nadie aquí va a hacerte daño —dije.

Ella bajó la mirada y asintió con la cabeza.

—¿De verdad estuviste en mis sueños anoche?

—Creo que de alguna m...

Inicia sesión y continúa leyendo