Libro 8 Parte 54

La mayor bendición de mi vida era Kiah. Tenía casi siete meses, se sentaba solita y empezaba a gatear. Tenía a todos en la casa envueltos en su dedo meñique y, a veces, tenía que usar mi tono de Alfa para poder pasar tiempo con mi hija.

Era un arreglo que nos funcionaba, aunque Sam era quien más la...

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