Capítulo 118 Conversación de cuñadas

Ni me lo recuerdes y eso no fue lo peor; el idiota alteró todos mis sentidos y luego se levantó, abrió la puerta y me dijo que me fuera, me echó como a un perro, ¡te puedes imaginar lo ofendida que me siento!

—Ja, ja, ja, el desgraciado te dejó caliente; tengo que admitir que esa sí fue la venganza...

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